
Siento tu mirada recorrer mi cuerpo, cada vez que entro en ese lugar, sé cuando te encuentras en el, desde el primer momento que cruzamos la mirada, te siento…
Me visto rodeándome de tu imagen en todo momento, antes de salir de casa, me preparo para ti, para tus ojos, tus deseos. Entro en el local acompañada de mis amistades y ya se que estás ahí… te siento, noto como mi cuerpo se vuelve sensual, como mis movimientos expresan deseo, mis ojos te buscan, aún sabiendo donde estás, allí se encuentran nuestras miradas, tiernas, a la vez del deseo que expresan, pero sin palabras, parece que todo se impregna de esa atracción que sentimos el uno por el otro, como si los minutos no pasaran, no habiendo mejor lugar en el que estar, ni mejores ojos con los que ser observada.
Siempre es así, alegría al llegar, tristeza al partir hasta el próximo encuentro. Hoy quiero cambiar eso, deseo rozarte, sentirte más cerca, como sé que tú también lo deseas…
La misma hora, el mismo día de la semana, el mismo lugar, los mismos ojos… pero esta vez algo cambió, observaba como esos ojos cada vez estaban más cerca de los míos, hasta que, por la cantidad de gente que nos rodeaba, pusiste tus manos en mis brazos y con la voz más sensual que jamás oí, me dijiste: “Disculpa” y pasaste de largo hacia la parte de atrás del local, ofreciéndome la sonrisa más maravillosa y ansiada.
Mi cuerpo aún sentía el calor de tus manos, el roce de tu cuerpo, note una excitación incontrolada, un deseo que no podía contener, mi cabeza sólo me decía “tengo que besarle”, cuando pude reaccionar, giré para ver si te localizaba y en ese impulso sin saberlo te encontrabas detrás de mi, lo cual hizo que perdiera el equilibrio y cayera en tus brazos sin remisión.

Ya fue la mayor pasión al sentir tus fuertes brazos rodeando mi cintura y susurrándome al oído “necesitaba sentirte más cerca”, nos fundimos en un beso apasionado, lleno de deseo, sin llegar a percibir a nadie más a nuestro alrededor, no se cuanto tiempo estuvimos abrazados y unidos por los labios, con nuestras manos explorando nuestros cuerpos, cuando noto una inmensa frialdad al ver como tu cuerpo se alejaba del mío, pero fue un instante en el que ni me percate del, porqué de ese alejamiento momentáneo, te volviste acercar a mi, y mordisqueando mis pezones ya descubiertos me subiste la falda y a mi sobre de la barra del bar, noté como te metías entre mis piernas, desnudabas mi excitado sexo y lo saboreabas, llenándome del mayor placer, dándote una entrega total y sin condiciones, cuando quise abrir los ojos vi que estábamos solos, que el local se encontraba cerrado, y ante mi cara de sorpresa me dijiste “soy el dueño, ese es mi porque de encontrarme siempre aquí” y ante esa mirada de deseo, con su lengua saboreando sus labios de mi sexo, no pude por más que decirle, “hoy yo soy tu dueña” tomé su miembro esplendoroso y viril y lo maneje a mi antojo, lo saboree, se lo di a conocer a mis pechos, hasta que lo introduje en lo más profundo de mi ser, sintiendo un calor que me desbordaba de deseo, cabalgué en el notando el mayor placer, como mis pezones eran saboreados y apretados con deseo por el hombre que tenía entre mis piernas, cuando lo mire consciente, me encontré, con un cuerpo que llamaba al sexo, unos ojos que me decían que no parara, un miembro, que palpitaba bruscamente dentro de mi, que belleza de hombre, con esos pensamientos llegamos juntos a la esencia final, como si jamás antes hubiéramos sentido deseo.